ÍNDICE:

  1. ¿Qué es la hipocondría?
  2. ¿Es lo mismo la nosofobia que la hipocondría?
  3. ¿Es lo mismo patofobia que la hipocondría?
  4. Síntomas
  5. Causas
  6. Consecuencias
  7. Tratamiento
  8. ¿Cómo ha podido afectar el Covid-19?

1. ¿Qué es la hipocondría?

Actualmente este término ha sido reemplazado por “trastorno de ansiedad por enfermedad”, el cual pertenece a los trastornos de ansiedad, pero realmente todos lo seguimos conociendo como “hipocondría”.

Cuando hablamos de hipocondría, nos referimos a esa preocupación o convicción constante de tener una enfermedad grave que no está siendo diagnosticada. Esta preocupación surge a través de la interpretación catastrófica de una serie de síntomas físicos que ocurren en nuestro cuerpo (Ej; dolor de cabeza, palpitaciones, pequeñas heridas, tos…), pensando que estos son consecuencia de la enfermedad. Es importante remarcar que la persona verdaderamente siente estos síntomas y no puede controlarlos, por lo que, a diferencia de otros trastornos, los síntomas aquí no son inventados.

2. ¿Es lo mismo la nosofobia que la hipocondría?

La respuesta es no. Aunque la nosofobia sea un trastorno cercano a la hipocondría, no es lo mismo. La nosofobia se caracteriza por un temor irracional, intenso e incontrolable a padecer una enfermedad en un futuro. Por lo tanto, a diferencia de la hipocondría, dónde el paciente está convencido de que ya tiene esa enfermedad, en la nosofobia el miedo reside en contraer dicha enfermedad en un futuro.

Otra gran diferencia entre ambos trastornos es que el paciente con hipocondría está continuamente visitando médicos, mientras que en la nosofobia el paciente evita cualquier circunstancia que pueda confirmar esa enfermedad que tanto teme, por lo que la persona acaba aplazando continuamente la consulta del médico. Del mismo modo, a diferencia de la hipocondría donde la persona busca información continua sobre la enfermedad (visualización de documentales, videos, conferencias, artículos, etc), la persona que padece nosofobia no es capaz de informarse sobre su enfermedad, y por ello, evita cualquier información sobre ella.

3. ¿Es lo mismo la patofobia que la hipocondría?

La respuesta también es no. La patofobia se trata del miedo irracional a padecer una enfermedad grave pero fulminante, como por ejemplo, infartos de corazón o ictus. Al igual que la nosofobia, el paciente evita ir a consultas médicas para no sentir ansiedad, lo que conlleva a vivir con miedo y dudas constantes.

4. Síntomas.

Los síntomas más habituales son los siguientes:

  • Preocupación excesiva por la posibilidad de padecer una enfermedad grave.
  • Continua observación y análisis de los síntomas corporales, focalizando la atención en el cuerpo para de esta manera poder detectar cualquier síntoma que esté relacionado con la enfermedad que se cree que padece. La persona vive en estado de alerta constante.
  • Continuas visitas al médico con la finalidad de que se confirme la enfermedad que creen que padecen.
  • Búsqueda excesiva de información relacionada con la enfermedad.
  • Ansiedad y estado de ánimo deprimido.
  • Se evitan situaciones en las que se cree que la enfermedad pueda empeorar.

5. Causas

En el caso de la hipocondría es difícil establecer una única causa, ya que normalmente son muchos los factores que intervienen a la hora de desarrollarla. Aun así, las causas más comunes suelen ser las siguientes:

  • Pertenecer a una familia en la que existe una preocupación excesiva hacia la salud y las enfermedades.
  • Haber sufrido o haber sido testigo de una enfermedad grave en la familia.
  • Interpretación catastrófica de los síntomas.
  • Tendencia a la sugestión, donde la persona suele estar hipervigilante hacia su salud.
  • Haber tenido experiencias en las que haber padecido una enfermedad estaba asociada a una mayor atención por parte de sus familiares hacia el enfermo.
  • Tener un elevado rasgo de ansiedad, lo cual ayuda a que las personas que sienten cierta incertidumbre hacia un síntoma físico, lo acaben interpretando como algo amenazante.

6. Consecuencias

Al fin y al cabo, la hipocondría puede llegar a ser bastante limitante en la vida de la persona, puesto que consigo acarrea una serie de consecuencias. La más inmediata es el estado de preocupación e hipervigilancia continua en el que se encuentra la persona.

Por otro lado, las personas con hipocondría invierten mucho tiempo en buscar información sobre la enfermedad que creen que padecen, además de realizar continuas visitas al médico para confirmar sus sospechas. Cuando acuden al médico y éste contradice su enfermedad, la ansiedad disminuye temporalmente, pero una vez vuelven a sentir los síntomas físicos, buscan otros profesionales creyendo que los resultados son erróneos o que podría haber algún fallo en las pruebas realizadas. Por lo tanto, se encuentran en un bucle que consume demasiado tiempo de la vida de la persona, por lo que puede llegar a afectar incluso al plano académico/profesional.

Por último, también repercute en las relaciones sociales, puesto que el estado de ánimo deprimido y ansioso en el que se encuentran les dificulta salir de casa y relacionarse. Además, se pueden dar “conductas de evitación”, donde la persona rehúye de cualquier actividad en la que crea que puede contagiarse o agravar una enfermedad, lo que conlleva al aislamiento y dificultaría la vida de la persona.

7. Tratamiento

A la hora de tratar la hipocondría se pueden emplear diversas técnicas:

  • Técnicas cognitivas para ayudar al paciente a modificar las creencias erróneas que le generan alarma sobre sus síntomas físicos, y así interpretarlos de manera más realista
  • Técnicas de relajación para poder tener bajo control los síntomas físicos derivados de la ansiedad que se interpretan como signos de una enfermedad.
  • Técnicas conductuales de exposición gradual a aquellas situaciones temidas o evitadas.
  • Técnicas de prevención de respuesta, para así evitar el comportamiento de reasegurarse mediante las búsquedas de información o visitas médicas.
  • Técnicas de distracción
  • Técnicas de control emocional y aceptación de sensaciones corporales.

Aun así, cada caso es único y se debe tratar de manera especializada. Por lo tanto, siempre es recomendable acudir a un especialista para poder ajustar el tratamiento a las necesidades específicas de cada persona.

8. ¿Cómo ha podido afectar el Covid-19?

A temor de los tiempos actuales debido al Covid-19, la hipocondría ha podido despertarse en personas que anteriormente no la padecían y agravarse en las personas que ya contaban con un nivel de ansiedad alto hacia las enfermedades. Por ejemplo, actualmente es muy común haberse tomado la fiebre varias veces al día o alarmarnos por sentir dolor de cabeza o tos. El hecho de haber sentido en algún momento algún síntoma del Covid sin haber contraído el virus no significa que se haya desarrollado una hipocondría. Muchas veces ocurre que al encontrarnos en una situación de tanto estrés y ansiedad se produce cierta somatización, es decir, que la ansiedad aparece en forma de dolor físico.

Al fin y al cabo, en cierto modo es una reacción normal, ya que actualmente muchas de las actividades que realizábamos antes con total normalidad (Ej. Hacer la compra, coger transporte público, reuniones de amigos), se han convertido en una tarea de riesgo que aumenta las probabilidades de contagiarse, y sumando el bombardeo informativo continuo, todo en su conjunto puede provocar un nivel de estrés y ansiedad bastante alto, que si no se maneja de manera adecuada, podría acabar desembocando en una hipocondría.

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